María Auxiliadora: fiesta, bailes y, sobre todo, auxilio.

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Sevilla ya se ha hecho eco de la capacidad de auxilio de la Madre de Dios; no en vano cuando se proclama a voz en grito “¡Viva María Auxiliadora! se hace referencia a la gran devoción que dicha advocación tiene en Sevilla (y en otros puntos de la geografía española y europea: Turín). Ese eco se ha escuchado en Triana, en San Vicente, en Nervión y en múltiples centros salesianos en los que esta enfermera de almas reina con el beneplácito de su hijo, al que gusta acunar en su regazo. Muchas han sido las salidas procesionales que han permitido que su auxilio llegue a todos, hayan o no acudido a la procesión en la que, engalanada, ha recibido los piropos de miles de personas por ella bendecidas. No obstante, la salida procesional de “La Auxiliadora de la Trinidad” tendrá lugar en la tarde de este caluroso sábado 1 de junio, la más postrera de todas aquellas que tendrán lugar en la ciudad de Sevilla.

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Como viene siendo tradición, el día anterior tiene lugar en la basílica sevillana un emotivo acto en el que la Virgen baja de su celestial trono en el centro del altar mayor para dar la mano a los niños que la veneran con rezos, cantos, bailes y entusiasmo. Todo ello acontece tras la misa en la da comienzo el pregón en el que se loan las virtudes de la Señora quien, de un modo imperceptible, desciende gracias a unos raíles engalanados de rosa florido que permiten al nostálgico recordar cómo el Viernes de Dolores baja a la tierra la dolorosa de la hermandad del Valle. Pero aquí no hay dolor, sino alegría. No puede ser de otro modo. En el patio del colegio ya se han dispuesto los ángeles que precederán la pequeña procesión en la que unos niños llevarán en andas a San Juan Bosco y a la misma Auxiliadora a los pies de aquella que saliera de la fábrica de Sarriá. Pequeños capataces, niñas vestidas con trajes de flamenca y la postrera comitiva de los seises marianos que harán ante María, su Virgen, lo mismo que sus homónimos ya preparan para honrar al santísimo en el Corpus.

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Fotografía: Javier Torres

La basílica es una caja de emoción contenida, santuario de voces acompasadas por el rítmico mecer de banderas celestes y rosas: todo comienza, todo está preparado para que la procesión recorra las calles de Sevilla. Primero lo hará el paso en el que Don Bosco ejerce su oficio ante un niño ávido de saber. Esas imágenes salieron de la gubia de Don José, de Pérez, o de Pérez Conde, como muchos lo conocen: ya tendremos ocasión de hablar de él en esta sección. Un cortejo de niños ilusionados constituirá una comitiva que preceda a la Virgen. Música, cantos, gozo y múltiples banderines y pegatinas que irán prendiendo en las solapas de aquellos que se acerquen a comprobar con sus propios ojos el bien que hace María aunque todavía no hayan sido acreedores de él. María es fuente de auxilio y recorrerá su barrio bajo guirnaldas de vivos colores: celeste, blanco y rosa, parando ante altares improvisados. Rezos y risas, fiesta y devoción, himnos y glorias, loas y pregón.

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En Sevilla hay seises en María Auxiliadora, pero sobre todo, alegría. Salgan y tomen las calles esta tarde-noche y escuchen la proclama, y únanse a ella: ¡Viva Maria Auxiliadora!

En breve explicaremos los orígenes de esta enraizada devoción, pero ese será otro capítulo…

Francisco Javier Torres Gómez

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