Dos fotógrafos a la sombra

 

SAMSUNG CAMERA PICTURES

Fotografía: Javier Torres

Pónganse en situación conmigo. La Virgen de los Ángeles sale victoriosa de la iglesia de San Roque para alcanzar la catedral en la que tendrá lugar su coronación al día siguiente. Despojada de su corona y de la diadema que ha lucido en días previos, el perno de la presea camina triste por no contribuir a proclamar con las ráfagas en la que es experto que la Madre de Dios reluce como estrella del firmamento desde el mismo momento en que fue elegida como sagrario perpetuo. Jornada inolvidable en la que muchos se acordaron de este cambio climático que no comprendemos ni comprenderemos por muchas explicaciones que se nos ofrezcan. Los fotógrafos, captando contraluces, luces y sombras. Los más veteranos prefieren la sombra: siempre la han preferido; el recorrido es largo y hay que guardar fuerzas y agua corporal. De sobras es sabido que la deshidratación no trae nada bueno.

Con mi cámara en ristre asisto a la llegada del paso de palio y decido hacerme veterano y juego con los tiempos. Eso significa arribar a la acera en la que no calienta Lorenzo y esperar. Hay muchos tipos de espera. La espera escuchando como la música lo inunda todo es agradable, y en este margen de la calle, fresquito, se está mucho mejor. Dejemos que los principiantes crucen y luchen contra los rayos del astro rey. He escogido bien. Lo sé porque me topo de frente con Fernando Salazar y con ángel Bajuelo. Si ellos esperan, también lo hago yo, que a quien buena sombra se arrima. Es el momento de saludaros y gastarles la broma: “estáis para que escriba un artículo titulado Dos fotógrafos en la sombra”. Risas. Ellos conocen su oficio y gozan de la paciencia necesaria para aprovechar el momento, ese momento que aún no ha llegado. La Virgen se acerca. También lo hacen los cangrejeros, pocos a mi modo de ver y calcular. Me atrevo a mirar a través del visor de mi cámara y… no hay fotografía aún. Hay que esperar. Son estos los momentos en los que la lente  (y el fotógrafo con ella) de be virar y apuntar hacia otro lado (eso lo aprendí bien hace tiempo). Es entonces cuando me topo con ella.

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Ella es una hermosísima guardia civil que procesiona delante del paso poniendo un poco de orden en el caos. La enfoco, me mira, la vuelvo a enfocar y disparo. Ella no ríe; desconozco si no sabe  o no puede hacerlo. Me niego a comprobar si la instantánea reproducirá su belleza, pero no puedo apartar los ojos de ella hasta que Ángeles reclama mi atención. El séquito se aleja y la música todo lo invade. Avanzo y me vuelvo a encontrar con su mirada. No sé interpretarla pero sé que no seré capaz de repetir la maniobra. Es entonces cuando me pongo a pensar que si continúo con mi empeño ya no serán dos fotógrafos los que permanecerán en la sombra sino tres: el tercero de ellos seré yo, pero la sombra no será la que disfrutaban la famosa pareja sino la del calabozo más cercano. La banda comenzó a interpretar Pasan los Campanilleros…

Francisco Javier Torres Gómez

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