¿Tocamos el cielo?

TOCANDO CIELO

La respuesta debe ser obligatoriamente: sí. Es más, según Antonio Estrada Roig, autor del libro “Tocando el cielo” (Círculo Rojo 2019), se puede hacer, y para ello solo hay que proponérselo (no a él, sino a uno mismo). Este Sevillano adoptado por Madrid, escribe un libro cofrade con el corazón y, con sus luces y sombras, nos regala una nueva entrega en la que Jesús y Su amada Sevilla son los protagonistas.

Conocí esta obra a través del escaparate de una de mis librerías de referencia y me vi atraído por su descolorida portada y por su título. Pude comprarlo en el acto, mas no lo hice porque lo consideré desde el primer momento un libro para ser reseñado en este foro. Es por ello que, aun desconociendo su contenido, contacté con su autor y le propuse la idea de leerlo a fondo, sacarle todo su jugo y someterlo al juicio del soberano público lector, y de este modo, un afable y hasta entonces desconocido para mí, Antonio Estrada Roig me hizo llegar un ejemplar desde Madrid, para que, una vez abierto el paquete, el aroma que desprendían sus páginas se mezclara con el olor que envuelve la ciudad que se le aparece cada noche en sueños.

Antonio pertenece a la hermandad de San Isidoro y, como no podía ser de otro modo, en la portada, el Cristo caído tenuemente desenfocado que nos ofrece la cruz en vez de su rostro no podía ser otro que el que tallara Alonso Martínez con el fin de ser auxiliado por el Simón de Cirene de Ruiz Gijón. En la contraportada, toda una declaración de intenciones: no debemos quedarnos en lo superficial; la Semana Santa invita a que profundicemos en ella.

SAN ISIDORO

Se puede tocar el Cielo de muy distintos modos, pero para quien pinta negro sobre blanco hay que esforzarse en comprender, en alcanzar la esencia, en dejar de ser un mero espectador para fajarse y alcanzar el corazón de la fiesta por antonomasia, aquella que rememora y celebra la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo.

He mencionado luces y sombras. Comencemos con las luces. Se trata de un libro escrito desde el cariño a nuestra Semana Santa en el que se hace una introducción bajo el epígrafe  “Lo que embelesa”. El lector entra en calor bajo la doctrina que se le inculca, quizás de un modo un tanto enrevesado, pero eficiente, para pasar a distintos escenario, de sobra conocidos por el cofrade sevillano en los que se hace alusión a los diferentes puntos de vista que tienen cabida en la observación del fenómeno cultural y devocional, en el papel que juega el mero espectador y en el concepto de “tocar cielo” que defiende el título. Posteriormente se hace una recopilación de lo que la Semana Santa ha sido desde sus orígenes, resumen histórico no original (sombra) pero interesante para el no iniciado. Lo mismo se podría decir del apartado dedicado a describir al Consejo de Hermandades y Cofradías, a pincelar la historia de la imaginería de la escuela sevillana, a tratar sobre los enseres que conforman la parte artística del cortejo procesional y a detallar de principio a final cómo se organiza en la calle una cofradía.

Tocando el cielo se encuentra ilustrado por una serie de  fotografías de auténticos “cabeza de cartel” conocidos en la ciudad, enumerados y honrados en los títulos de crédito; eso sí, reproducidas con menos calidad que las originales (sombra).

Estrada Roig desea dejar huella de sus vivencias, de esas que se lleva a Madrid cuando la semana termina, capital de España en la que ha contribuido sustancialmente a la fundación de la hermandad de Los Estudiantes, “casi ná”.Esta huella se impronta en forma de narraciones cortas de momentos clave, discretamente noveladas y en exceso descriptivas, que sirven para recordar e incluso habrá quien las utilice para aprender: “Madrugás” inolvidables, cantos angelicales de monjitas, plazas silenciosas que asisten al paso de una procesión en profundo silencio, música procesional y saetas.

Pero “tocar el Cielo “es más, he ahí que se pueda hacer como nazareno, costalero, capataz, etc. El autor, que nuca tocó el martillo en Sevilla, sí lo ha hecho en cambio en su querida hermandad madrileña, presumiendo de ser de los primeros en hacerlo al modo sevillano allí en donde ya una decena de hermandades “andan” al estilo de Sevilla. Quizás sea esa y no otra la razón por la que encontremos una especial atención a la labor de capataces y costaleros, cuya jerga se encuentra dispersa en las páginas y recogida y concentrada en un epílogo o índice.

Tocando Cielo es, pues, un libro cofrade que toca muchos palos y que se lee de modo rápido y cómodo (en mi caso, lo hice en una sola jornada).

En cuanto a las sombras, aparte de algunas ya mencionadas, el lector deberá encontraras y censurarlas o no según considere oportuno.

Francisco Javier Torres Gómez

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