Bonita y feo. Feo y bonita.

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Fotografía: Javier Torres

Podría tratarse del título de un cuento infantil. De hecho, intentaré hacer alguna trastada literaria con el mismo, pero no hoy, no aquí, no ahora.

La noticia que ocupa los titulares de la Sevilla cofrade es el Rosario Vespertino de la Virgen de los Ángeles el día de ayer. No suelo hacer crónica inmediata, sino que prefiero macerar la información y crear, si es que se puede utilizar este verbo para referirse a lo que hago, otro tipo de narraciones. Para ellas suelo reservar titulares rocambolescos o sumamente sencillos, como es el caso.

La bella, la muy hermosa, la pequeña Virgen María, paseó por su barrio rodeada de ángeles que reafirmaban su advocación. La sencillez de su indumentaria, la elegante diadema y las diminutas andas permitieron apreciar el delicado rostro de la Madre de Dios como si de una estampa se tratara, y de ahí el único adjetivo que se le pudo aplicar a la imagen de la Mediadora Universal: bonita. Porque es bonita dentro y fuera de su casa, dentro y fuera de su vecindario, dentro y fuera de su palio… Y así surgió el fugaz romance de un simple mortal y una celestial estrella a la que gusta bajar de las alturas y mirarnos de frente para que, reflejados en sus ojos, comprendamos que nada tiene sentido si a ella no nos encomendamos.

Feo. Muy feo es el paisaje urbano por el que fue portada la Regina Angelorum ¿Acaso no sirviera tan gris escenografía para reforzar el contraste que los elegantes y delicados rasgos de María presentaban frente a un telón de fondo de pesadilla?

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Fotografía: Javier Torres

Bonita. Muy bonita la luz del cielo en la tarde de temperaturas elevadas cuan capricho del mismo sol.

Feo. Muy feo el desangelado e inmerecido acompañamiento de Ella en los primeros tramos de asfalto, la avenida maldita que la separa del hogar en el que se le han guardado todos los honores.

Bonita. Muy bonita y bella. Sobran las palabras. Ella lo sabe, y si no lo sabe, aquí estamos todos para recordárselo.

Feo. El retraso con el que el cortejo alcanzó la iglesia de San Roque, un feo tamizado por el lento caminar de la comitiva, cada vez más numerosa en los tramos finales. Todo debe ir de menos a más y no al contrario.

Bonita. Bonita y bella la morada desde la que se vestirá de gala para ser coronada.

Feo, horroroso, el vacío que quedará prendado en todos aquellos que la vean partir y ansíen su vuelta aunque el viaje solo dure un día.

Día de dicotomías, semana de espera, futuro de emociones, y la que ya es Reina de los Ángeles y reina de todos volverá de nuevo a su capilla para ser reina por dos veces, doble reina, reina al cuadrado, y así comenzará su nuevo reinado…

Francisco Javier Torres Gómez

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