Memorias del tiempo cofrade

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Quien me regaló este interesante libro, lo hizo diciéndome: “podrías haberlo escrito tú”. No me digan que no es una tentadora invitación para dejar todo aquello que estuviera haciendo para iniciar a beber el contenido del mismo. La bebida ha durado dos días, y eso que tenía sed, pero ya se sabe que hay obligaciones que no se pueden dejar de lado. Al dar por concluida la lectura de la última página pensé: “pues sí, podría haberlo escrito yo, pero lo hubiese hecho de un modo diferente”.

¿Por qué hago esta reflexión? Aquel o aquella que me conozca sabe que siento debilidad por las historias cofrades, pero también sabe que me gusta aderezarlas con un componente “mágico”, casi irreal, no en vano mis dos volúmenes de Cuentos y relatos inéditos de Semana Santa escritos a cuatro manos con Chari Naranjo son un manifiesto reivindicativo del “realismo mágico cofrade” que inventaron para catalogar mi obra no hace mucho. Y es precisamente esta desviación estilística la que hace de estas Memorias del tiempo cofrade (David Segura Tristancho, Samarcanda ediciones 2019) un delicioso libro para leer y regalar.

Argumentaré mis afirmaciones. Es, sin duda, un libro bien escrito, que no es poco y, además, interesante, dos adjetivos que difícilmente sufren intersección en un género en el que participan tantos autores con diverso acierto o fortuna. Las historias de Segura son quizás conocidas por la mayoría de los cofrades que se precien de serlo, pero se han novelado con gusto para deleite de quien quiera revivir los momentos históricos seleccionados para tal fin. No se trata de un compendio y tampoco es un resumen sino una selección de textos que ilustran momentos escritos con letras de oro en la Historia de la Semana Santa de Sevilla.

Reconozco que no he aprendido nada tras su lectura, y precisamente es ello lo que más me ha sorprendido pues, aún no habiendo ampliado mi acervo cultural cofrade, he disfrutado leyendo las descripciones que, con acierto, el autor realiza de esos momentos para que no se olviden, para que permanezcan en el lugar del que nunca debieron haberse ido. Al mismo tiempo, adivino en David Segura, a quien no tengo el gusto de conocer (aún), un esfuerzo por agradar a sus potenciales lectores, convirtiéndolo en cómplice de cada capítulo, de cada historia, de cada jirón desgarrado del alma de nuestra semana más universal. No me cabe duda de que queda mucho material que debería ser tamizado a través de la masa gris de un autor que se queda con ganas de contar más, y que puede hacerlo con soltura. Si me equivoco en mi pronóstico, pueden tildarme de aventurero y si acierto prometo hacer lo propio con mis cuentos mágicos para que, juntos, podamos seguir ilusionando a todos aquellos que saben, que sienten, que la Semana Santa dura 365 días y que en solo siete se alimenta para que el resto del año puedan escucharse y leerse las nuevas y las antiguas historias que a todos nos gusta recordar una y otra vez.

Piensen por un momento en los tesoros que puede ocultar un libro cuyos capítulos reciben estos nombres: El quejío de un reo, Buscando la saeta verdadera, Innovación musical, Una musa reconocida, Despojado de su libertad, El rostro de una esposa, Estación de penitencia a la épica, Hermana nazarena, etc. Rápidamente, como no puede ser de otro modo, nuestra mente se colocará en el lugar exacto, en el periodo temporal exacto, para descubrir que se ha adivinado aquello que se nos va a contar, pero nos llevaremos la sorpresa al comprobar que los hechos se han novelado con muchísimo cuidado y cariño, y así leeremos compulsivamente, aunque conozcamos el final. Y si no lo conocemos, mejor que mejor.

Como todas las historias se corresponden con hechos históricos, al término de la lectura del volumen, David Segura Tristancho nos somete a examen y nos relata en pocas palabras cómo sucedieron los hechos que le inspiraron a la hora de lanzarse a escribir sobre Semana Santa de la manera tan original como lo ha hecho.

En resumen: compren el libro y léanlo. No les defraudará.

Francisco Javier Torres Gómez

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