Antonio Illanes y la Virgen de las Tristezas. La Virgen de las Tristezas e Illanes.

VIRGEN DE LAS TRISTEZASDibujo: Ángel Alén

Pónganse en situación. La Guerra Civil española ha terminado, España se encuentra desolada y en Europa se ha iniciado el conflicto más cruento de cuantos se hubiesen vivido hasta entonces. En este hostil contexto social, en Sevilla se reúne un grupo de chavales, cofrades de corazón, con la pretensión de fundar una hermandad. Las cosas no estaban como a día de hoy. La Iglesia, encabezada por el cardenal Segura, veía en las hermandades un modo eficaz de conseguir resucitar una devoción, cuando no perdida, sí olvidada. Un grupo de jóvenes con edades comprendidas entre los 17 y los 19 años se lanzan a la aventura e intentan establecer la hermandad de penitencia de sus sueños nada más y nada menos que tomando como titular al Señor Cautivo de San Ildefonso, pretenciosa idea teniendo en cuenta la gran devoción con la contaba dicha imagen en aquel ya lejano año 1939. Ello no les hizo desistir en su empeño y, poniéndose en contacto con don José Sebastián y Bandarán, capellán catedralicio al que tanto deben las hermandades y cofradías de Sevilla, son bien orientados, informados e incluso instados a resucitar alguna de las corporaciones históricas de la ciudad, desaparecidas a tenor de distintos sucesos acaecidos a lo largo de los siglos, con especial importancia de los que tuvieron lugar en el siglo XIX. Ilusionados con dicha idea, fueron los chicos remitidos al Teniente fiscal del Arzobispado, don Jerónimo Gil Álvarez, quien les informó acerca de aquellas corporaciones que podrían adaptarse a los deseos del grupo, que peregrinó a San Isidoro y a San Alberto, lugar este último en el que redescubrieron al crucificado que se convertiría en el titular de la hermandad de la Vera Cruz, su hermandad de la Vera Cruz. En 1942 adquieren la imagen de la madre de Jesús, obra de Antonio Illanes, uno de los más insignes escultores del siglo XX (me atrevería a decir que de todos los tiempos) bajo la advocación de Dolores, con cambio a Tristezas en 1945.

Aquí comienza la nueva historia de la hermandad de la Vera Cruz y del vínculo que Antonio Illanes mantendría con la misma.

ANTONIO ILLANES Y LA VIRGEN DE LAS TRISTEZAS

El libro Antonio Illanes y la Virgen de las Tristezas, coordinado por Andrés Luque Teruel (Editorial Universidad de Sevilla) se presenta como una de las grandes novedades editoriales del curso cofrade. Confeccionado con el fin de celebrar el 75 Aniversario de la hechura de la Dolorosa y de la reorganización de la hermandad, en ningún momento se obvia la excelente oportunidad que supone la efemérides para abordar la biografía de Antonio Illanes, incomprensiblemente obviada mientras otros imagineros de igual e incluso menos valía o trascendencia cuentan con la suya escritas con letras de oro. Aplaudo la iniciativa, el producto final e incluso el precio, asequible, con el que llega la obra al lector. Sin duda se trata de un volumen que debe formar parte de la biblioteca del cofrade y del amante del Arte. En sus páginas se descubrirán detalles no conocidos, se conocerán con detalle las líneas estilísticas que siguió Illanes en los cuatro periodos en los que se divide su obra con propósitos estéticos-didácticos y conoceremos mejor a este gran artista que reconocía a Francisco Marcos Díaz Pintado como su maestro, que trabajó en solitario, ganó prestigiosos premios, viajó para empaparse del arte destilado en París y en Centroamérica, y que no tuvo discípulos como tales, perteneciendo a una generación de escultores que se han conocido como los regeneradores de la escultura religiosa de la posguerra. Sin embargo, la obra profana de Antonio Illanes fue y es amplia y poderosa pudiendo caer cualquiera de nosotros en el tremendo error de resumir su producción a sus crucificados, nazarenos, cautivos y dolorosas. Illanes dominó la talla de la madera, eso lo sabemos, pero también fue maestro de la piedra, del cobre e incluso del mármol y sus retratos bien pusieran desplazar el epicentro de su obra, pues geográficamente podría éste no coincidir con su producción religiosa, naturalista con la suficiente unción como para mover a la devoción al espectador.

Antonio Illanes y la Virgen de las Tristezas es un libro completo que enseña, pero al mismo tiempo recopila. También crea nostalgia y unas ganas increíbles de lanzarse a buscar imágenes de cada una de las obras de Illanes para comprenderlo mejor. La obra se encuentra perfectamente bien ilustrada pero, obviamente, no se trata de un catálogo, entendido éste como tal. Por tanto, a pesar de aparecer en él reflejadas todas las obras catalogadas del autor, no es posible, por problemas de espacio, establecer una correlación con todas las imágenes deseables, y ello es lo que debe movernos a buscar en redes o en su emplazamiento original a estos Cristos, Dolorosas y obras profanas que crearán regocijo y espera seguidos de… devoción.

Francisco Javier Torres Gómez

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