Grafiti en la fachada de la pequeña capilla

Esta mañana, al llevar a mis hijos al colegio, he comprobado con sorpresa, a través de la ventanilla del coche, cómo un energúmeno, por llamarlo de algún modo, había dejado su impronta en la portada de la pequeña capilla en la que reside mi hermandad. El mensaje, homófobo, no será aquí reproducido, pues no es mi intención dar publicidad a tan execrable acto, pero manda un par de… narices acometer tal locura el jueves que precede al de la vieja Lola. Podría pasar a divagar sobre el vandalismo, y el artículo podría dar mucho juego, pero prefiero hacer una serie de reflexiones que me encantaría que llegasen al autor de la fechoría y a otros que, como él o ella, vierten los frutos de su mediocridad y frustración en pintadas en las que además de ofender, intentan cobrar un protagonismo que seguramente no tengan en su vida privada. Está bien estudiado y documentado que hacer alarde de supremacía en forma de insultos dispuestos sobre paredes o fachadas (que nunca son las de sus casas), está directamente relacionado con un sentimiento de inferioridad, patente u oculto, y es esa precisamente la llama que enciende el impulso de saltar a la palestra de un modo u otro. Son los llamados “grafiteros de ocasión”, no profesionales, que lo único que consiguen es hacer daño. Señor o señora grafitero o grafitera, usted, con su actuación ha hecho daño, pero para su sorpresa no se lo ha hecho a la persona a la que ha lanzado el ofensivo mensaje sino a un inocente. Me explico. La persona a la que iba dirigido el insulto pictórico probablemente no sepa de qué hablamos, pues el hecho ha sido denunciado y la pintada borrada, pero para comprar esa pintura y pagar a esos profesionales, la hermandad ha gastado un dinero que hoy daría de comer a varias personas. Bravo, has conseguido quitarle el pan a personas sin recursos que, probablemente, deban volver a pedir para que sus hijos no pasen hambre. Es obvio que tal consecuencia no ha sido tenida en cuenta o puede, en el peor de los casos, que te dé igual. Allá tú con tu conciencia.

Pero quiero ir más allá, pues para hacer un grafiti, hay que saber hacerlo. Existen en nuestra ciudad verdaderos artistas que con su arte han iluminado muros, cierres e incluso fachadas y ¿sabes, querido vándalo, dónde reside la diferencia de sus obras de arte con respecto a tus dos frases de memo? La primera es que ellos tienen los estudios suficientes como para no cometer faltas de ortografía, y si no los tienen, se informan y no las cometen,  los trazos de sus frases son exquisitos y la letra se entiende. ¿Acaso, querido/a vándalo, no te hicieron repetir frases en los cuadernos de caligrafía? Quizás sea esta una buena oportunidad para que tú sí lo hagas, y entonces hablamos.

Por cierto, cuando termines de leer este artículo, si sabes hacerlo, verás que firmo mi escrito, porque no soy un cobarde como tú lo has sido. Puede que tengas miedo de que te señalen y eso es otro más de los signos de inseguridad que muestras desde tu anonimato. Puede que te hayas divertido. Pásate por algún lugar en el que se ejerza una acción social y atrévete a realizar a las puertas de ese centro un grafiti como el que has hecho esta noche, pero hazlo mirando a los ojos de cada una de las personas que hacen cola para recibir, cuando llegue su turno, el bocadillo o el vaso de leche para sus hijos, y entonces vuelve con tu pintura a la fachada blanca y vuelve a sentirte pleno. ¿No sería mejor que le dedicaras tus ofensas a esa persona a la quieres vejar, pero que lo hicieras sin ser además de un desgraciado, un cobarde?

Vuelve a la puerta que se encuentra en el centro de tu marco pictórico, de tu lienzo en blanco, y anímate a entrar. Allí dentro encontrarás a un señor con barba y potencias que seguro que te perdona pues sus brazos, abiertos, invitan al perdón. No olvides que a Su vera está María, que también puede servirte como mediadora, que necesitas mediación, aunque no lo sepas…

Para terminar, firmaré este escrito, como te he prometido y no lo acompañaré con fotos como te hubiese gustado.

Francisco Javier Torres Gómez

Sevilla, a 11 de abril de 2019

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