Libros cofrades peculiares: La saga de los Santizo.

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Siempre es buena la ocasión para hablar de literatura cofrade, entendiendo ésta desde su significado más amplio y, por tanto, menos restrictivo. Hay libros que tuvieron su momento de gloria, otros que siempre lo renuevan, otros nunca lo alcanzaron y otros nunca llegaron a ser suficientemente conocidos como para ser encuadrados en alguno de los grupos anteriores. Resulta, pues, interesante, hablar de ellos y honrar su memoria; puede que de este modo se anime al lector a buscarlo y a leerlo, la primera de las tareas más complicada de llevar a cabo que la segunda.

Bien. Una vez manifestadas las intenciones derramadas en esta sección, deseo desterrar del olvido a un libro relativamente reciente ( Jirones de Azul 2013) titulado La saga de los Santizo, cuyo autor, Miguel Ángel Santizo Rodríguez, qué duda cabe, sabe bien de aquello que se recoge en sus páginas. Se trata de un recorrido histórico por la biografía de las distintas ramas de esta saga familiar tan arraigada y relacionada con la Semana Santa de Sevilla.

Santizo es un nombre pegadizo (más bien un apellido) y, tras haber realizado la oportuna encuesta entre “jartibles” de la ciudad, he comprobado cómo muchos lo asocian al muy loable y curioso arte de encender y apagar velas, ya sean las de un paso procesional o las de un altar de cultos. Todos quedarían aprobados por su respuesta si no fuera porque ésta es incompleta. Los miembros de la familia Santizo eran, son y serán mucho más que los “tíos de la caña”. Es cierto que todos alcanzaron destreza en estas lides, pero quizás sea menos conocida su desenvoltura en el acolitaje y los asuntos de sacristía, sus labores como auxiliares, portadores de insignias, pregoneros, costaleros y miembros partícipes en la fundación y desarrollo de distintas hermandades.

Cada, llamémoslas “cuadrilla” comandada por estos impenitentes cofrades estaba estructurada de tal forma que un “jefe de personal” ejercía el mando mientras iba delegando funciones en su “secretario” y un “listero” de su confianza, ayuda sin la cual no hubiesen subsistido estas peculiares “empresas de servicio” en un mundo de múltiples y urgentes demandas y necesidades como es el de nuestras hermandades y cofradías (inclúyanse las de penitencia y las de gloria).

Paralelamente a lo que ocurría con el colectivo de capataces y costaleros, el grupo de “encendedores” y “apagadores” fue desprofesionalizándose para ser sustituido por hermanos que realizaban las distintas funciones antaño ejercidas por expertos en la materia pero, a diferencia de aquellos, la saga de los Santizo ha sabido sobrevivir al cambio y permanece más viva que nunca, sirviendo en lo que conviniere a las hermandades que requieren sus servicios.

Leer La saga de los Santizo es adentrarse en tiempos pretéritos, que se mezclan con el presente y divisan un futuro cercano. Este viaje temporal se hace en forma de pequeñas biografías de los más señalados y activos miembros de la familia mientras el autor nos narra anécdotas, secretos y el arte de encender y apagar velas, pues algo que nos parece tan obvio y sencillo, resulta que no lo es en absoluto.

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Miguel Ángel nos contará cuáles o quienes son los principales enemigos de la vela encendida, los pasos que tradicionalmente han sido acompañados por la saga y los distintos reconocimientos que, como colectivo, han obtenido, a veces cayendo de forma involuntaria en la repetición.

La vinculación de la familia Santizo con la Esperanza Macarena es incuestionable. El libro, ricamente ilustrado con fotografías y documentos de gran valor histórico, da fe de la entrega de los miembros de esta prolija familia y su relación con la Esperanza de San Gil. No en vano, los Santizo estuvieron presentes, de uno u otro modo en la bendición del templo, hoy basílica, en la que tiene su sede la hermandad de la Macarena, en 1949, en los actos de la coronación canónica de la misma en 1964 y en la consagración del templo como basílica en 1966. Algún miembro de la familia, si no muchos de ellos, jugaron un importante papel actuando como acólitos o “encendedores” en la práctica totalidad de las coronaciones canónicas llevadas a cabo en nuestra ciudad así como en numerosas procesiones de gloria, algunas de las cuales presentan auténticos desafíos a la hora de dar luz a sus candelabros de guardabrisas.

Hermandad San Pablo

El libro se hace menos intenso y gana puntos al recopilar anécdotas de distinta índole para posteriormente volver a girar sobre sí mismo y contar la labor del clan en poblaciones fuera de la capital andaluza, resaltar el importante papel de las mujeres o consortes Santizo, terminar de pulir detalles y culminar con un compendio de directrices para realizar un correcto acolitaje. Por último, una valiosa colección de fotografías pone el punto y final a un libro poco conocido pero al mismo tiempo curioso que debería ser leído por… todo aquel que lo encuentre.

Francisco Javier Torres Gómez

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