Anécdotas de capataces y costaleros malogradas

 

portada

Y digo malogradas porque se podía haber elaborado no solo uno sino dos volúmenes sumamente atractivos para la lectura y deleite de aquellos a los que les gusta el mundo del costal. Son muchos los tratados sobre capataces y costaleros que han visto la luz en distintas épocas pero, en los últimos años, estos han constituido una verdadera avalancha, desafortunadamente no siempre eclosionando en un producto de calidad. Quiero con esta última aseveración centrarme en dos libros que adquirí con ilusión y terminé de leerlos con una gran frustración. Sus títulos, 70 anécdotas de capataces y costaleros y 75 anécdotas más de capataces y costaleros nacen de la pluma de Francisco Javier García Bautista, más conocido en el mundo de la trabajadera como “el Farola”, un gran costalero de Sevilla, qué duda cabe, gran amigo de sus amigos y compañero de sus compañeros dentro y fuera del paso, cualidades que lo hacen merecedor de todos mis respetos. Es más, la lectura de los dos libros me han permitido hacerme una idea del autor a pesar de no conocernos en persona. Esa idea es óptima, y precisamente de ahí procede mi malestar. El trabajo de recopilación de anécdotas o situaciones singulares, incluso la búsqueda de testimonios exclusivos de aquellos que entienden, y mucho, de aquel tema tratado en los dos tomos se ve empañado, y de qué modo por la redacción de cada capítulo, de cada párrafo, de cada frase y hasta de cada palabra. Es necesario leer con un bolígrafo rojo para corregir faltas léxicas o gramaticales, hacer un esfuerzo para comprender el significado de contenidos e incluso volver a leer anécdotas completas para poder valorarlas en su justa medida. La culpa podíamos achacársela al autor, que en ningún momento fue consciente de sus errores a la hora de escribir, o bien a quienes le pasaron la información creyendo que sus palabras serían corregidas de uno u otro modo con el fin de que el libro quedara “pinturero”. No obstante, para eso están las editoriales; entre sus funciones debe, de modo casi (o sin el “casi”) obligatorio, encontrarse la lectura de los manuscritos que a ella llegan, corregirlos y darles forma y, llegado el caso, conversar con el autor acerca de los cambios necesarios para lograr un producto de calidad. Cuesta creer, y puedo apostar con quien lo desee, que la editorial Kronos (Guadalturia) no realizó sus deberes. También omitió poner amor en la reproducción de las ilustraciones que hubiesen aportado un valor extra al anecdotario y que se encuentran relegadas a ocupar páginas sin sentido ni calidad cuando los documentos gráficos que vienen a suponer tendrían gran valor de haber sido más mimadas.
Curiosamente, son dos libros o volúmenes que se han vendido bien y que incluso se encuentran agotados. Quiero pensar que este hecho se debe al fin benéfico al que estaban destinados los beneficios, fin unido a la obra de las Hermanas de la Cruz que honra al autor quien, vuelvo a repetir, cuenta con todo mi respeto.
Más me cuesta comprender que un libro pueda estar tan mal escrito y editado. Si añadimos una segunda parte, la incredulidad es total. Desde luego, podemos afirmar que la literatura cofrade es variopinta y en este concepto englobamos las obras de escasa o ninguna calidad junto a otras que son auténticas joyas literarias. Como en botica, hay de todo…

Costaleros de Oviedo_contraportada-75-anecdotas-de-costaleros
No todos ni todas son anécdotas. Podríamos decir que estas suponen más o menos de los hechos narrados con lo cual el título lleva a engaño, pero ese es otro cantar y lo cierto es que los testimonios son hasta más interesantes que las anécdotas en sí.
Criticados los libros, y creo que puedo hacerlo al haberlos comprado y leído, debo decir que el trabajo de recopilación de material es elogiable, e incluso puede que envidiable, pues seguro que más de una y de dos cervezas cayeron entre narración y narración recopilatoria.
Eso sí, “Farola”, la próxima vez, si la hay, obliga a la editorial a hacer su trabajo pues un libro, en contra de lo que pueda parecer, es un tesoro que nos sobrevivirá en el tiempo, es nuestro legado en forma de palabras y, aunque la lectura no sea la afición que más cale entre la juventud, las cosas cambian y podría darse la circunstancia de que en un futuro el libro vuelva a ponerse de moda y aquellos que ya no estemos no podremos ofrecer productos de calidad que, de un modo u otro, con el tiempo serán llamados… Historia.

Francisco Javier Torres Gómez

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